Escrito por Rosa María Sevillano García (Rosmary).

Nadie sabe como había ocurrido, pero allí en el suelo, victima de un disparo procedente del arma de un guardia de asalto, yacía Silvino, cuya muerte fue certificada como sobrevenida por causas naturales.
Y es que Silvino era un pobre cartero de barrio que no interesaba a nadie. Hacía poco tiempo que alguien le había inscrito en la llamada Junta de Defensa, asociación que desde el 17 de marzo de 1918 había convocado la huelga de los servicios de telecomunicaciones. Los días de paro se iban sucediendo y el Gobierno de García Prieto comenzaba a encontrarse incómodo con la situación. Tanto es así, que se vio obligado a ordenar la entrada del ejército en las carterías para que tomaran la correspondencia acumulada y procedieran a su reparto. Ningún incidente de relevancia había sucedido hasta ese momento, pero aquel fatídico 24 de marzo debía estar gafado para Silvino.
Mientras trabajaba la correspondencia de la mesa nacional, escucho como alguien quería entrar en la sala. Eran varios números de las fuerzas de asalto que pretendían desalojar la cartería para facilitar la llegada del personal del ejército. Hubo gritos de ¡paso a la autoridad! forcejeos, exabruptos y un fortuito disparo.
Después de eso, no hubo más futuro para Silvino.
Cuando el juez decretó el levantamiento del cadáver, un compañero recogió la última correspondencia trabajada en su mesa. En ella y como un grito de libertad que aun resuena en nuestros días podía leerse “Viva la Unión de Correos y Telégrafos”.
Ese 24 de marzo, Alfonso XIII nombraba Presidente del Consejo de Ministros a Antonio Maura, que aceptó las reivindicaciones de la Unión y concluyó la huelga.
Rosa Mari
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